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Prensa 104.9

Se mató un policía. Sus camaradas denuncian abandono por parte de la institución

Terrible drama personal derivó en una tragedia.

 

Con solo 33 años de edad, un agente de la Comisaría 1era que se encontraba en situación de disponibilidad, padre de 5 hijos, se descerrajó ayer a la madrugada un tiro en la cabeza con el arma reglamentaria de otro efectivo.  Sus compañeros de tareas manifestaron indignación y pesar “por la falta de asistencia psicológica de parte del área Bienestar Policial”.

Germán Alejandro Cáceres, conocido por su segundo nombre, oriundo de la ciudad chaqueña de La Escondida, era integrante de la Policía de Tierra del Fuego, al igual que su padre, actualmente retirado, su tío y un hermano. Además de la línea paterna Cáceres, también por el lado de su mamá, de apellido Ávila, contaba con familiares que se jubilaron o todavía están en actividad, en la fuerza fueguina.

El efectivo, de 33 años de edad y papá de 5 hijos, se desempeñaba en la Comisaría 1era., de Ushuaia con la jerarquía de agente hasta hace poco más de un año atrás, cuando fue notificado de su pase a disponibilidad, a raíz de una serie de graves denuncias en su contra, impulsadas por una ex pareja, también policía.

Diario Prensa Libre dialogó con varios integrantes de la institución policial de Ushuaia, quienes pidieron expresa reserva de su identidad “porque tememos sanciones debido a que nos inculcan que la Policía es verticalista y jerárquica y no se nos permite hablar con la prensa de manera directa”, y solicitaron “visibilizar el profundo problema que se esconde detrás de la drástica decisión de nuestro compañero de tareas.  Nosotros no somos jueces para decir si él era inocente o culpable de los cargos que le formuló nuestra camarada, lo que decimos es que se debió asistirlo y no dejarlo a la deriva con sus miedos y sus carencias”.

Así se refirieron al tema, de manera concidente, quienes compartieron con él la actividad policial en la calle: “Alejandro era una buena persona. Aunque ahora sin saber muchos medios digan cualquier cosa, él era un policía que contaba con una excelente foja de servicios.  Nunca tuvo ningún problema en el cumplimiento del trabajo.  Es más, obviamente que nadie lo recordará, pero él jugó un rol protagónico en la detención de un sujeto de Río Grande que viajaba para venderles droga a los alumnos de la escuela técnica Olga Bronzovich de Arko, en calle Gobernador Paz, en el año 2019. No era violento como lo quieren pintar. El comenzó una relación de convivencia con una camarada que también prestaba servicios en la Comisaría 1era y al terminar la relación, quizás perdió la cabeza. Estuvieron juntos varios años hasta que ella se enamoró de otra mujer policía. A partir de eso comenzaron las discusiones y los problemas.  La camarada lo denunció y la institución decidió pasarlo a disponibilidad mientras se sustanciaba la causa en la Justicia”.

Los entrevistados agregaron también, conmocionados ante el suicidio de Cáceres: “Todavía no lo podemos creer. Alejandro fue el primero en su promoción, la Nro 45, porque era un muchacho muy inteligente. Su hermano también se desempeña en la Policía, en el área de Minoridad y Familia y tiene una hermana que trabaja en una escribanía local. Los problemas con su pareja, el tipo de situación por el que estaba atravesando, tal vez lo desesperaron. Hace algo más de un año lo notificaron de su pase a disponibilidad, le retiraron el arma y como siempre ocurre en estos casos, le redujeron el sueldo a la mitad”.

Otro de sus compañeros, quien se mantuvo en contacto permanente con él luego de ser apartado preventivamente de la institución policial, destacó: “Alejandro estaba muy angustiado. Cuando lo pasaron a disponibilidad  se fue a vivir con otro policía, de apellido Encina para compartir los gastos y le pidió ayuda a otro efectivo que tiene un taxi, con el que estaba haciéndose unos pesos como chofer. La gente no sabe que cuando pasan a disponibilidad a un policía le reducen sus ingresos a un 50%. Hoy un agente está cobrando más o menos 50 mil pesos, así que de la noche a la mañana él se quedó con un haber de 25 mil, la obligación  de las cuotas alimentarias de sus hijos y la necesidad de pagar un alquiler y comer”.

Ante la irremediable decisión tomada, sus camaradas no tienen consuelo y exigen que se revean los protocolos de asistencia al personal retirado o angustiado por pérdidas de seres queridos, divorcios u otras problemáticas: “Nosotros contamos con un área que se llama Bienestar Policíal en la que se desempeñan psicólogos, licenciados, técnicos, asistentes sociales entre otros, pero es absolutamente ineficiente y hasta indiferente a los problemas que sufrimos los que formamos parte de la Policía provincial. Alejandro es el claro ejemplo del abandono en el que lo dejaron después de pasarlo a disponibilidad.  Le sacaron el arma, sí, pero se terminó matando con la de su compañero porque sabía que lo iban a terminar echando.  Fue una agonía de más de un año en el que estuvo prácticamente solo. Era de esperar que todo terminara así”.

Consultados acerca de los controles psicofísicos a los que los efectivos policiales son sometidos más de una vez en el año, respondieron finalmente en forma unánime: “Está previsto que dos veces en el año se nos haga un chequeo psicofísico, pero la verdad es que son controles que se hacen `muy por arriba´, como para cumplir con el requisito y nada más.  No deberían olvidarse que hasta que el hombre o la mujer son exonerados o se mueren, son policías.  Debería la institución entonces tener con ellos la consideración que merecen, prestándoles atención, haciéndoles seguimientos y brindándoles asistencia. Si hubiera un poco más de interés en la vida del policía, creo que desgracias como las que hoy estamos lamentando con nuestro compañero, se podrían evitar”.

Los hechos

El domingo 21 de marzo, en horas de la madrugada, el cabo Encina,  de la Policía de Tierra del Fuego, encontró a su compañero de vivienda, aparentemente sin vida.

Alrededor de las 4.20, se acercó una comitiva policial al inmueble de la calle Las Vertientes al 400, en cuyo primer piso se encontraba sobre la cama,  Cáceres con el arma reglamentaria de Encina en la mano, en medio de un charco de sangre.

Momentos después arribó personal sanitario a bordo de una ambulancia del Hospital Regional Ushuaia, quienes confirmaron el deceso del efectivo y procedieron a realizarle un hisopado, retirándose posteriormente. El inmueble fue resguardado, por orden judicial, a fin de que personal técnico de la División Policía Científica efectuara la toma de vistas fotográficas y estudio  del lugar, con la finalidad de detectar  algún indicio de criminalidad.

Los informes preliminares indican que se descartó criminalidad por parte de terceros.

German Alejandro Cáceres se encontraba imputado y procesado en sede judicial por denuncias reiteradas de una ex pareja, también de la fuerza, referidas a violencia de género.

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